Cuando todos los astros se apaguen en el cielo, cuando todos los pájaros paralicen el vuelo cansados de esperarte, ese día lejano yo te estaré esperando todavía.
José Angel Buesa
Mostrando entradas con la etiqueta canción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta canción. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de julio de 2010

Cuando un verso te nombra


Porque el todo se aplaza desde ayer para luego
porque rondo la casa y otra vez desespero
antes de que amanezca,
todo menos tu cuerpo.

Porque nada es mi todo si no hay nada contigo
porque el tiempo es recodo y otro modo el olvido
que no entiendo tus ojos,
ni tu voz adivino.

Qué me espera mañana, si despierto encendido
con el sol en la cara y mis ganas contigo
doy al mar la ventana para ahogar lo sentido
y que venga la calma para darme el alivio.

Porque a veces divago en el olor de tu ropa
porque viajo despacio de tu cama a tus cosas
como buscando el paso,
que me vuelva a tu boca.

Todo pierde su luz buscándote
y al centro quedas tú,
luna quemante.

Porque estás en mi frente confundiendo a las horas
porque vuelves silente de la luz a la sombra
descomponiendo todo,
cuando un verso te nombra.

Alejandro Filio

jueves, 8 de abril de 2010

Sin la Luna


Si repito tu nombre
después de otra jornada
y otra noche conmigo,
si tu olor me recorre
y entre pecho y guitarra
se hace más el vacío,

si estas manos entre acorde y acorde
acordándose van de tu pelo
no hace falta tanto cielo
si la luna de tu piel no está.

Si entre verso y respiro
se abre un azul profundo
que va tiñendo el tiempo,
si a contraluz te miro
y se hace más agudo
el filo de tu cuerpo,

si esta nota no alcanza a tu tono
y entonándote vuelo y respiro
no estoy solo, voy conmigo
y la estela de este canto atrás.

Puedo hablar de ti con mis amigos,
mi canto, mi silencio, mi conmigo,
puedo hallar tu rastro si lo quiero hoy
sé perfectamente donde te dejé.

Alejandro Filio

lunes, 5 de abril de 2010

Sin tu latido...



Hay algunos que dicen
que todos los caminos conducen a Roma
y es verdad porque el mío
me lleva cada noche al hueco que te nombra
y le hablo y le suelto
una sonrisa, una blasfemia y dos derrotas;
luego apago tus ojos
y duermo con tu nombre besando mi boca.
Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido.
Que el final de esta historia,
enésima autobiografía de un fracaso,
no te sirva de ejemplo,
hay quien afirma que el amor es un milagro
que no hay mal que no cure
pero tampoco bien que te dure cien años;
eso casi lo salva,
lo malo son las noches que mojan mi mano.
Ay, amor mío...
Aunque todo ya es nada,
no sé por qué te escondes y huyes de mi encuentro.
Por saber de tu vida
no creo que vulnere ningún mandamiento;
tan terrible es el odio
que ni te atreves a mostrarme tu desprecio,
pero no me hagas caso,
lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo.
Ay, amor mío...
Luis E. Aute